lunes, 2 de marzo de 2015

2 de marzo de 2015

Los recuerdos llegan a ser volátiles e inagarrables. Sin embargo todos los construidos contigo se solidificaron en el tiempo, y eso que dicen que el amor es inexplicable e indescifrable. Suelo pensar que el amor también se hace en el recuerdo; y cuando pienso en vos reconstruyo el pasado vivido y luego lo proyecto hacia el lugar y el espacio para donde vamos. Suelo reconstruir nuestra vida unidos y en esa edificación en la que pongo lo bueno y lo malo que nos ha acontecido, he separado un lugar especial para una lejanía.
El alejarse es peligroso y destructivo, claro está, depende de cómo se mire y se asuma la lejanía. Puede ser también una construcción para el mismo amor. Desde esa perspectiva, te agradezco la posibilidad que me brindaste de aprender a amarme y a amarte. Desde lejos las cosas pueden verse mejor. Cuando en el arte el artista se sustrae de su obra, logra hacer de ella una mirada sincera, concreta y desapasionada. Tal vez eso nos hacía falta, o por lo menos a mí. Que suelo ser tan intenso y desbordado en mis sentimientos. Puede sonar extraño, pero nuestra relación amorosa puede convertirse en la obra de dos artistas. Eso de desapasionar nuestro amor parece confuso, pero es justo en ese momento cuando podemos afirmar que nos amamos contingentemente, con responsabilidad y entrega total, sabiendo con quién estamos y seguros de brindar nuestro cuerpo y espíritu.
A vos, Marly, te amo profundamente y te estoy amando con la total responsabilidad de una persona que bruscamente, por su forma de ser, intenta, y lo logra, madurar.
Por eso me atrevo a decirte que te amo con profundidad, con sinceridad, con literalidad, es decir, lo que la gente dice que es el amor, pero lo más importante es que también te amo con significado profundo, o sea, como yo creo que es el amor y como tú crees que es el amor. Esa es mi intención, y creo que también es la tuya: amarnos y construir en nuestra relación el ideal de amor que nos imaginamos podíamos hacer en nuestras vidas. Y si lo podemos lograr, si podemos hacer de ese imaginario una realidad, pues entonces luchemos por nuestro amor y por hacer de ese sentimiento un edificio lleno de casas, apartamentos, garajes, azoteas, solares, terrazas, en los que podamos poner a vivir cada uno de nuestros sentimientos, sin temor a ubicarlos donde deben estar. Así entonces podremos construir nuestra casa, en la cual, ubicaremos nuestros cuerpos, los de nuestros hijos, los de nuestros perros y los seres que aceptemos en nuestro hogar. Por supuesto, ya habremos ubicado a tu madre en su casa. Quiero que tus responsabilidades me muevan y quiero hacer parte de tus decisiones, como un apoyo o un consejo, y si me es posible también de una forma material.

A vos, Marly, te amo. Sinceramente amándote, Alejandro.

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