domingo, 3 de febrero de 2013

1.



Querida mujer, he unido unas cuantas cosas para reconvencerte de porqué me elegiste para amarme.  No haré un listado de mis virtudes, mucho menos de mis defectos.  Solo te hablaré y te contaré cómo va nuestro mundo. Lo hago así porque escribirte es ya una acción y como tú bien sabes, últimamente me he propuesto obrar.  Heme pues escribiéndote, como algunos meses atrás solía hacerlo.  Parece tanto tiempo transcurrido, pero solo son días.

Es una decisión difícil amar, complicada.  Mucho más cuando este sentir llega de improvisto y deja de ser lo que todos piensan.  Entonces se convierte en una perspectiva, una forma de ver el mundo para dos personas que han decidido entregarse a su pareja.  Nuestro amor es único, entre otras tantas razones, por esa.  Lo hemos resignificado con nuestras palabras y nuestras acciones, con nuestros cuerpos y con todo lo que somos. 

Sol de la Noche



La Vuelta al Mundo