A Marly la amo porque es
inteligente y sabe leer. Porque me increpa y me mantiene en un estado de
conmoción interior y exterior, y sin embargo me deja ser y mostrarme. Es bella,
vanidosa, encantadora y sabe llegar a mis sentimientos y emociones. Me acaricia
con dulzura, me besa con pasión, me sonríe con ternura y luego se burla de mis
estupideces. También sabe callarme y decirme Alejandro, madure. Es que uno bien
niño y acomplejado por practicidad debe acompañarse de personas maduras y sin
miedo, por eso Marly es un complemento para mí. Ella sabe hacer lo que me
resulta difícil, por ejemplo, administrar el tiempo y el espacio… eh, ejem,
bueno, debo reconocerlo, y la inteligencia, las energías, las emociones, las
pasiones, el estilo… ah, sí, verdad, y el dinero también. Por eso también la
amo porque ella no se anda con los rodeos que tanto me gustan a mí. Ella es el
continente de mis desbordes.
A Marly la amo porque es
una mujer hecha y derecha. Porque puede vivir sola si lo desea y ser feliz.
Puede ser feliz sin mí, lo cual es muy importante; pero más aún la decisión que
tomó de buscar la felicidad conmigo.
Puedo seguir enunciando
razones, y sin embargo siempre me quedaré corto. Lo asombroso y espeluznante de
amar a alguien es que uno decide amar. Y por eso a Marly la amo porque sí y
punto.