Querida mujer, he unido unas
cuantas cosas para reconvencerte de porqué me elegiste para amarme. No haré un listado de mis virtudes, mucho
menos de mis defectos. Solo te hablaré y
te contaré cómo va nuestro mundo. Lo hago así porque escribirte es ya una
acción y como tú bien sabes, últimamente me he propuesto obrar. Heme pues escribiéndote, como algunos meses
atrás solía hacerlo. Parece tanto tiempo
transcurrido, pero solo son días.
Es una decisión difícil amar,
complicada. Mucho más cuando este sentir
llega de improvisto y deja de ser lo que todos piensan. Entonces se convierte en una perspectiva, una
forma de ver el mundo para dos personas que han decidido entregarse a su
pareja. Nuestro amor es único, entre
otras tantas razones, por esa. Lo hemos
resignificado con nuestras palabras y nuestras acciones, con nuestros cuerpos y
con todo lo que somos.
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